Comenzar de nuevo

Ya estamos de vuelta (si es que alguna vez he llegado a irme) a esta “curiosa rutina” que supone la aplicación de la metodología “flipped classroom”: la creación de mis vídeo-lecciones, los cuestionarios, las actividades de verdadero aprendizaje, las rúbricas… pero lo más importante “seguir convenciendo” a mi alumnado, que pese a lo experimentado en la primera evaluación, siguen necesitando de ese empujón permanente hacia adelante.

Si hay algo que realmente me está ilusionando y motivando de mi experiencia, es el hecho, de que no tiene límites. Todas las posibilidades están abiertas y cuanto más investigo, más descubro, más me admiro de lo que increíbles compañer@s están poniendo en marcha en su día a día: ¿cómo lo hacen? ¿de dónde sacan el tiempo? ¿qué pros y contras se encuentran en su aplicación?… Por un parte es estimulante, para el que está descubriendo todo este abanico de posibilidades; por otro, tiene su toque “desconcertante”: ¿cómo puedo llegar a hacer eso? Bueno, como de la filosofía futbolística se puede aprender, vayamos “paso a paso”.

Como siempre he dicho, me da igual la etiqueta que le queramos poner a ese trabajo, pero realmente se ha convertido para mi en un referente a seguir, y un camino, que desde mis limitaciones, especialmente técnicas, puedo comenzar a andar, pero a la vez, recorrerlo desde mi perspectiva y visión particular.

El otro día a un pequeño grupo de compañeros en mi centro, les expuse lo que estoy realizando y aprendiendo este curso. Como les dije, “no he visto la luz”, ni “abjuro de todo lo realizado hasta la fecha como un bagaje el cual debo repudiar”, pero sí he comenzado a plantearme seriamente, que la docencia en el siglo XXI, no puede ser la del siglo XX, y que si bien no hay varitas mágicas que de un plumazo resuelvan todos nuestros males, los de los alumnos, y los de la sociedad, si es bueno, saber, que tal cómo alguien ha comentado, “¿por qué en todos los ámbitos laborales se ha experimentado una modernización tecnológica y de innovación metodológica en la creación aplicada en el trabajo, y no se ha producido el mismo fenómeno (o al menos con la misma intensidad) en la práctica docente diaria?” .

Tengo un familiar cercano, que heredó de su padre, y éste del suyo, una pequeña imprenta. Aún recuerdo visitarla de pequeño, y veía la guillotina de papel, las cajas con las letras por tamaños repartidos delante del impresor, la encuadernadora manual, y un montón de botes de tinta que impregnaban el reducido taller (siempre imaginé que un linotipista o impresor cómo aquellos no se debían diferenciar de otros más famosos como un tal Pablo Iglesias de finales del siglo XIX)… Hasta que un día, unos años después, me llevé una sorpresa al comprobar que mi primo no se encontraba en el taller, sino en un pequeño despacho averiguando como se hacían diseños gráficos con un potente iMac de la época. Recuerdo lo que me dijo: “Tengo que ponerme las pilas o perderé a los clientes”

No es necesario extraer conclusiones muy sesudas con esta pequeña experiencia personal. ¿Cuántas competencias se reclaman a nuestros alumnos en la educación del siglo XXI? La siguiente pregunta puede resultar incómoda, pero, el otro día a mis compañeros, no dude en formularla. “¿Cuántas competencias se nos exigen a nosotros, y no solamente la digital, por supuesto?”

Con ello lo único que planteo es la necesidad de hacer una necesaria mirada crítica hacia nuestra labor y nuestra forma de trabajar, sobre todo, porque en muchos casos, se observa como día a día hay cosas que no mejoran, y especialmente una: alumnos con ganas de aprender.

Y ahí es donde entra algo esencial: la formación. La formación del profesorado y la responsabilidad de  la administración en favorecer dicha formación, así como la responsabilidad del profesorado en asumir que debe recibirla.

Como Coordinador de Formación que soy de mi centro, desde esa perspectiva, creo que hay mucho camino por recorrer en una visión verdaderamente positiva de la formación, como una herramienta que mejore, estimule nuestro quehacer diario, y que en muchos casos tan sólo se vincula a la puntuación que te permite la movilización laboral, vía sexenios. Otro día seguiré por este camino.

Como casi siempre,  comienzo a hablar de algo y termino con algo muy distinto de lo que tenía pensado, pero bueno que le vamos a hacer, ni me acerco ni pretendo ser bloguero profesional (con todos mis respetos, faltaría más: cuántas cosas estoy aprendiendo de la blogosfera educativa!!!).

Y hasta aquí la primera entrada del 16.

En la próxima, supongo que comentaré los primeros resultados, las nuevas iniciativas (una agencia de viajes, un debate en un parlamento, un visión actualizada para mis alumnos d 1º de Bach del PRAVDA soviético… y todo aquello que se me ocurra, para seguir dándole “la vuelta a la clase”.

PD: me estoy acercando peligrosamente al ABP…

 

 

 

 

 

 

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