Los puntos débiles: ansiedad.

Seguimos en el “tobogán” permanente.  Para ser sincero, hacía tiempo que mi labor docente, mi trabajo, mi contacto con los alumnos… no era tan intenso, para lo bueno y para lo malo. Quizás también, porque puede ser que en esta particular transmutación de mi trabajo, y teniendo en cuenta  la “exigencia” que me he autoimpuesto este curso, me haya olvidado de mi yo anterior.

Antes de entrar en esta vorágine de la clase al revés, mis alumnos ya me daban satisfacciones (como docentes no hay mejor criterio de evaluación: tus alumnos. Y como la vanidad es un vicio muy extendido, cuando te reconocen tu esfuerzo en ellos te acabas hinchando como el famoso pez globo, al fin y al cabo significa haber alcanzado ambos el éxito) y frustraciones (no conseguir llegar a tus alumnos, o ver la cara de aburrimiento o de indiferencia sobre los que tú estás intentando transmitir como aquello que deberían saber, para conseguir ser ciudadan@s de provecho).

¿Qué está ocurriendo ahora? Creo que en primer lugar, teniendo en cuenta que la zona de confort ya es algo que hace casi seis meses dejé atrás, entramos en el terreno de la ansiedad permanente. Y éste es el “primer punto débil” de mi recién estrenada andadura.

Me explico. Cuesta discernir entre “quiero que funcione” y “está funcionando”. ¿Están mis alumnos “funcionando” realmente con esta metodología y todas las “novedades” que en mi quehacer diario he ido introduciendo? o ¿estoy haciendo un ejercicio de voluntarismo?

Desde el primer momento que empecé con este blog tenía claro que narrar la “experiencia flipped” tenía que ser con el lote completo, tal y como en una de las entradas anteriores “Balance” hacía. Pasados un par de meses, voy poco a poco puedo ir “recopilando” más datos y experiencia que me permiten responder a esas cuestiones planteadas.

Y ahí es dónde viene esa expresión: “ansiedad”. Una ansiedad derivada de una visión “resultadista” del proceso de enseñanza-aprendizaje. Nuestros alumnos “saben” si son capaces de aprobar un examen, o de sacar un 10; en caso contrario no.  Y aquí es dónde, encuentro un “punto débil”, que no se si achacarlo a la metodología, al profesor, a los alumnos… ¿Solamente debemos preparar a nuestros alumnos para superar exámenes? o ¿preparando exámenes se aprende?, ¿evaluar competencias y capacidades de nuestros alumnos nos acerca a conocer su aprendizaje? Si un alumno sabe hacer, ¿sabe?.

Hacer cosas distintas en el aula debe ser motivador, estimulante… para los alumnos. Alguien decía que nuestros alumn@s ya no quieren 6 o 7 horas de ponencias. Y es evidente, que para alumnos y grupos, vamos a llamarlos “complicados”, el planteamiento más tradicional, es camino seguro hacia la “desafección” (palabra de moda) entre alumnado y profesor (y ya sabemos todo eso a qué conduce).

Y es ahí dónde la metodología flipped me está dando respuesta a esa necesidad de “estimular” a mis alumnos, pero que desgraciadamente, no cala en todo el mundo. ¿Es demasiado pretencioso querer conseguir que todos los alumnos se involucren en tu asignatura? Bueno, también sería un mal punto de partida, que me diera igual.

Durante estas últimas semanas mis alumnos han creado un blog de viajes, un periódico de la revolución rusa (formato blog, vídeo o podcast) se han convertido en novelistas de su propia vida, han trabajado colaborativamente, han creado sus propios materiales, resuelto exámenes en grupo… Pero me temo, que en algunos casos, especialmente cuando les he puesto “a prueba” con un algún examen, el resultado no ha sido todo lo que yo esperaba. Y ahí es donde vuelve la “ansiedad”.

Después de haber estado trabajando con la metodología flipped un período histórico como el descubrimiento, conquista y colonización de América con mis alumnos de 2º ESO y tras convertirlos en “novelistas” narrando su propio experiencia vital como marineros o conquistadores del Nuevo Mundo, les planteé un ejercicio escrito (examen) sobre los aspectos más destacados de su novela, es decir, sobre el tema. Si bien es verdad, que más del 95% de la clase superó dicho examen, me llamó la atención, que no fueran unos resultados más acordes a lo que yo esperaba, y a lo que algunos alumnos me habían señalado días antes: “Profe, de contar mi historia y de revisar los vídeos, me lo sé casi sin darme cuenta”. A lo que hay que añadir, la calidad de algunos trabajos (individuales) en los que los alumnos habían creado, siguiendo mis pautas, un texto verdaderamente interesante y atractivo de leer. Entonces, ¿por qué el resultado?  ¿por qué las respuestas, en algunos casos, estaban bastante lejos de lo que previamente habían sido capaces de contar? Más ansiedad: ¿la actividad en cuestión? ¿su diseño? ¿la actitud de los alumnos hacia esta actividad? ¿no había yo revisado como debía los cuestionarios previos?…

Realmente si sigo no paro. Pero si le damos la vuelta a la tortilla y volvemos a mi yo anterior:  ¿me hacía yo tantas preguntas sobre mi forma de trabajar antes cuando en 2º de Bachillerato suspendían el 95% de alumnos en la primera evaluación? ¿o, sencillamente decía: “qué estudien más la próxima vez. Yo no soy el culpable de ello”?.  Por cierto, el porcentaje de aprobados en la primera evaluación de historia de España de 2º de Bachillerato, fue del 97%.

La clave está en ese sensación que tengo de que la metodología sea avalada por los resultados. Lo reconozco, caigo en la trampa. En esa misma trampa que caen mis alumnos, los padres, los compañeros…. “Si el resultado es el mismo, ¿por qué cambiar?”. Ese círculo vicioso que hay que romper, ya que sino se acaba pareciendo a esas tierras movedizas en las que te acabas hundiendo inexorablemente y te impiden plantearte algo necesario y que yo hice: “¿Se pueden hacer las cosas de otra manera?”.

Por otro lado, y para terminar la “ansiedad” de esta entrada, gira en torno a una cuestión que hace ya tiempo he mencionado, y que sin duda es otro de los grandes puntos débiles de esta metodología y de todo lo que signifique verdadera innovación educativa: FORMACIÓN. Y lo voy a poner con un ejemplo: llevamos en mi centro realizando dos cursos sobre innovación educativa, o la menos, dos cursos sobre herramientas de profesorado del siglo XXI debe conocer, por una parte las RRSS aplicadas al ámbito educativo y otro, el Aprendizaje Colaborativo, contando en ambos casos con excelentes ponentes como Patricia Salgado y  Marena Navarro, especialistas ambas en sus respectivos campos. Dicha formación es esencial para dar instrumentos a los docentes en todo aquello que suponga nuevos puntos de vista, nuevas puertas que cruzar o herramientas para responder a los retos que hoy en día se nos plantean en las aulas, y que aunque muchos no lo crean, hay respuestas útiles, que sencillamente por desconocimiento no las aplicamos.

Sigo dejando para otro día, cuestiones relevantes sobre esa formación: ¿cómo se recibe? ¿dónde y cuándo? Un ejemplo: muchas empresas privadas conscientes de la necesidad de “actualización” de sus trabajadores, favorecen dichos procesos, a cambio de exigir la puesta en práctica de dicha mejora. Este asunto lo dejo ahí en punto y seguido de momento.

Para cerrar  ya esta entrada, vuelvo al principio: ¿es la metodología flipped classroom la solución a todos nuestros males? No, pero es la solución a “algunos males”, y con ésto , para mi y de momento, es más que suficiente, para seguir apostando por ella. Y os diré por qué:

-“Nunca me había gustado la historia, y con lo que estamos haciendo, ¡hasta me lo paso bien!”

-“Es muy fácil enterarme de los contenidos: sólo tengo que repetir los vídeos y tomar nota de mis dudas, para luego aclararlo en clase. Tengo un profe particular”.

-“En este equipo, sé que voy a aprender mucho de mi compañero”.

-“Al principio tenía mis dudas, pero es verdad que funciona, aunque lo de exponer en público no me gusta”…

PD. Ver la creatividad de unos alumnos de bachillerato poniendo en marcha sus propios telediarios con traducción simultánea en ruso, crear una vídeo-lección sobre el stalinismo, o atreverse a entrevistar al mismísimo Stalin… no tiene precio.

¿Podía haberlo hecho de otra manera sin aprovechar el tiempo en el aula para otra cosa, al margen de explicar y hacer como que enseño? La respuesta es evidente. Nos vemos.

 

 

 

 

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4 thoughts on “Los puntos débiles: ansiedad.

  1. Mis sensaciones desde que empecé con el flipeo son las mismas, ansiedad, muuucho trabajo y quejas de los mejorcillos que salen de su zona de confort como yo. Estoy en ello, en la batalla. ya os contaré

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