Segundo balance: el día a día.

Un nuevo paso, seguimos en el camino, en ese camino de “ya he dejado atrás mi zona de confort”. Hace tres meses publiqué una entrada en la que valoraba los resultados y la obtención de los mismos con mis alumnos (casi 90, de tres cursos y niveles distintos) aplicando lo que yo he entendido es la clase al revés. Hace tres meses ponía encima de la mesa los pros y los contras, las dificultades encontradas, las actitudes y posturas de mis alumnos ante mi trabajo y mi forma de relacionarme con ellos durante los tres primeros meses de curso. Acaban de pasar dos más y creo que es éste último aspecto el más significativo: mi relación con los alumnos.

Se trata de una relación “intensa”, en todos los  sentidos: gestionar los nuevos retos, la transmisión de comunicación, los problemas tecnológicos, el trabajo en el aula… Me ha provocado situaciones nuevas, casi inauditas, pero indudablemente estimulantes pese a los contratiempos o situaciones adversas con las que he tenido que lidiar.

Éste ha sido un trimestre enormemente productivo en mi aprendizaje. No he parado de aprender: de saber lo que es el trabajo cooperativo, y por tanto, del largo camino que me queda por recorrer, hasta saber manejar y exprimir al máximo las potencialidades de esa forma de entender el trabajo en el aula, tan natural como lo es la vida real. Sin trabajo en equipo no hay éxito hoy en día, con el trabajo en equipo llegamos a ser mejores individualmente… (Por cierto una enseñanza que debería aplicármela a mi mismo).

El docente que no esté dispuesto a “aprender”, sin que ello signifique romper con todo su saber hacer anterior, y admitir que quizás las cosas pueden hacerse de otro modo, va a tener, si es que no lo tiene ya, unos duros y complicados años por delante.

Otra cuestión a comentar de mi aprendizaje durante éstos dos últimos meses tiene que ver con el día a día vinculado a la clase al revés. Me explico: los alumn@s después de los tres primeros meses ya conocen la “dinámica” de mis clases: videos-cuestionarios-resolución de dudas y aclaración de contenidos-aplicación práctica-trabajo cooperativo-presentación de lo realizado. De algún modo, uno de los riesgos que se corre, al igual que en el día a día “convencional” viene precisamente de esa dinámica. Ahora bien, esa “rutina” y/o mecanización del proceso de enseñanza-aprendizaje, aporta un modo distinto de enfrentarse a los contenidos de una materia, que en teoría, debe “motivar” alumno. ¿Ocurre?

Ojalá tuviera esa capacidad, pero me conformo, cuando los alumnos (que son también “resultadistas”) observan que con todo el trabajo realizado (en algunos grupos tengo casi 20 notas de cuestionarios, trabajos, pruebas…) consiguen sus objetivos: por un lado “aprobar”, y en segundo lugar, comprobar que su día con una determinada asignatura, les permite descubrir que se puede “APRENDER” de otro modo.

En este final de trimestre eso he conseguido en un grupo especialmente, 2º de Bachillerato con la asignatura de Historia de España. Son un grupo de 25 alumnos solventes en asignaturas de este tipo de bachillerato (ciencias de la salud), que han descubierto la potencialidad del trabajo cooperativo, el cual les permite concluir y llevar adelante tareas, que de manera individual sería imposible realizar, y no ha supuesto ninguna merma en su rendimiento, sino más bien al contrario ha conseguido subir al carro, aquellos compañeros que pudieran tener alguna dificultad. Eso no significa que el trabajo cooperativo no precise de una revisión constante y de “ajustar” desajustes en la dinámica de trabajo interna entre los alumnos.

Tanto en este caso, como en los otros dos grupos, los alumnos llevan muy mal al compañer@ que no asume su rol, su responsabilidad y el “just in time”, porque efectivamente les lastra, genera un ambiente negativo y si hay relaciones, vamos a decir, más o menos tensas entre ellos, acaban por salir a la luz. En este sentido, ya lo he señalado y lo reitero: se precisa de un conocimiento en profundidad del trabajo cooperativo y de una correcta aplicación del mismo para que este tipo de situaciones se minimicen al máximo. De hecho, admito errores cometidos por mi, a la hora de organizar a los grupos de trabajo, y como todo en la vida, de los errores se aprende, de la misma manera que se aprende cuando tu experiencia te va avalando poco a poco.

Por otro lado, otro aspecto a señalar de estos últimos dos meses, ha sido el descubrir, una vez más, las enormes posibilidades “imaginativas”  y creativas de nuestros alumnos, si les damos la oportunidad: un blog de viajes históricos, un telediario sobre la revolución rusa (en ruso con traducción simultánea en castellano), la redacción de diarios personales históricos, la puestas en marcha y celebración de un debate histórico sobre la Segunda República… Explorar nuevas formas de trabajar la asignatura, investigar en vías creativas que vinculen creación y aprendizaje ha formado parte de mi “aprendizaje” de este trimestre.

Ahora bien, hay que poner negro sobre blanco los resultados de esa forma de trabajar. ¿He conseguido un aprendizaje verdaderamente significativo en mis alumnos? O dicho de un modo más claro: cuándo ha llegado el momento “cumbre” de la prueba individual a la que cada alumno se enfrenta (es decir, el examen) ¿qué ha ocurrido? (suponiendo que el aprendizaje verdaderamente significativo, sea el de superar un examen con un 5) Sinceramente, no como esperaba, aunque es necesario matizar. Dependiendo del curso, y en este caso, con mis alumn@s de 2º de bachillerato, no tengo la más mínima duda de su capacidad demostrada de enfrentarse con todas garantías a su temido examen de selectividad, si finalmente decidieran hacerlo. Pero no ha ido como yo esperaba con mis alumn@s de 2º eso. ¿La razón? Una posible respuesta estaría, quizás, en algo que los alumnos siguen sin valorar: sus trabajos, sus presentaciones, el trabajo de los compañeros… no es considerado fuente de conocimiento, tan sólo el libro de texto. En este sentido, tengo que plantearme seriamente eliminar el libro de texto para el curso siguiente, si quiero que se desprendan de una atadura, que si bien al comienzo bienintencionada (los alumnos parece que siguen necesitando un tabla a la que agarrarse), es a la larga un lastre que condiciona o puede condicionar todo el material, que o bien es aportado por mi, o por ellos mismo, les genera confusión: Pregunta recurrente, ¿profe, para el examen que tengo que estudiar? En todo caso, ésta debe ser una decisión que cuente con el visto bueno del departamento didáctico. También es posible, que en un aula con alumnos que tengan dificultades de acceso a internet, no sea recomendable prescindir de nuestro querido compañero desde la infancia.

Otro aspecto que debo mejorar, y de momento me cuesta, tiene que ver con el elemento más “atractivo” de este modelo: el vídeo. Una de las críticas que me lanzaron mis alumnos de 2º de eso tenía que ver con la “sobrecarga de trabajo” que en las últimas semanas les había provocado el visionado de vídeos para preparar los contenidos del último tramo del trimestre.

Hace unos días se publicaba en los medios, la situación de los estudiantes españoles comprendidos entre los 11 y 15 años en relación a los “deberes” para casa y que según estudios de la OMS se daba la voz de alarma por los efectos nocivos que para la salud emocional de nuestros alumn@s, esa sobrecarga podía provocar. Las voces críticas contra el flipped classroom siempre atacaban este punto “débil” del modelo, siempre y cuando se entendiera una simple sustitución de unos deberes clásicos, por unos deberes “audiovisuales”. Ya sabemos que quedarse en este punto, es no tener una visión de conjunto de lo que significa la clase al revés. Pero voy a ponerme en la piel de mis alumnos de 2º de ESO (y no todos), que  me objetaron sobre este tema.

Un vídeo de 10 minutos en edpuzzle, con 5 o 6 cuestiones de control incrustadas en el mismo, puede suponer unos 30 0 40 minutos de tarea. Ahora bien, el porcentaje de alumnos que realizan esa tarea alcanza el 98% del grupo. De otro modo, ¿se haría? ¿Podría yo asegurarme que, los 5 ejercicios de la página 133 relacionados con lo que he explicado hoy en clase, todos los alumnos los tendrían hechos al día siguiente, para que cuando yo los corrigiera todos ellos tuvieran claro y “asentado” el conocimiento transmitido por mi? Todos mis vídeos, están con una semana de antelación (como mínimo) a disposición de mis alumnos. ¿Qué significa eso? Es evidente, han de ser ellos los que decidan cuándo y dónde quieren visionarlo y contestar las cuestiones. Esa autonomía, es esencial. Aprender a organizarse y a tomar decisiones sobre mis tareas, forma parte del proceso. Además, previamente he corregido uno a uno sus respuestas en edpuzzle, ya que en caso contrario no tendría sentido, repasar un cuestionario en clase que los alumnos no han hecho, comprobando así sus dudas y aclarando conceptos esenciales de la materia correspondiente.

Por tanto, no puedo negar que sea trabajo para mis alumn@s, y debo regular, equilibrar y modular bien los vídeos, sus dimensiones y cronología, para que realmente sean efectivo y no una sobrecarga. También es verdad, que esas “quejas razonables” han sido referidas a un momento puntual, y del mismo modo, otros alumnos, y de diversos grupos, siempre me han reconocido que no especialmente les ha supuesto una carga, ni tampoco algo que siempre he temido, especialmente cuando al comenzar no tenía muy claro “los efectos secundarios” del vídeo: no ha sido a costa de otras asignaturas.

Y eso me lleva al “otro punto débil” de este modo de trabajar con los alumnos: ¿qué ocurre cuando los alumnos no ven los vídeos? La pregunta es sencilla y directa. Y de hecho va al meollo de la cuestión, ya que por una parte, pone a prueba el mecanismo clave en el flipped classroom y por otro, te plantea una serie de situaciones en el aula, que pone en riesgo todo el andamiaje. Desgraciadamente han habido momentos en el trimestre, en el que los alumnos que visionaban los vídeo y realizaban el intento de “trabajar” dicho vídeo, giraba en torno al 50%. ¿Qué ha ocurrido entonces? Una manera de solventar parcialmente dicha situación, venía, por mi parte, con la flexibilización de los plazos de visionado. Conseguía de este modo, que algún rezagado, viera el vídeo y tomara notas del mismo, aún fuera de plazo. Pero, a su vez, este hecho, generaba una evidencia: ¿qué sentido tenía ver el vídeo una vez en clase hemos revisado respuestas, aclarado dudas y/o ampliado información a partir de dicho vídeo? Además he observado que algunos alumnos casi esperaban la revisión del vídeo para tomar nota de las respuestas, y posteriormente contestar el cuestionario del vídeo aunque fuera de plazo. Edpuzzle me indica los alumnos que entregan tarde su tarea, por lo que ya está en mi criterio, decidir que hago con esa participación.

Por tanto, en ese grupo en concreto, hay que insistir en lo obvio: los alumn@s que “se curran el vídeo” están más preparados para enfrentarse a los retos que posteriormente pongo en marcha en el aula. Y cómo más de una vez he dicho en el aula, una cosa es que un compañero en el trabajo colaborativo te resuelva una duda, y otra muy distinta, que se den cuenta, que hay alumnos que no tienen ni idea de lo que va lo que tienen que hacer, ya que no han hecho el trabajo previo.

Por tanto, confío en el hecho, de que si ese trabajo previo se realiza, el flipped classroom puede llegar a funcionar (y de hecho lo está haciendo con muchos alumnos de ese grupo de bachillerato, y con los otros dos grupos, en un muy alto porcentaje), y eso los alumnos de ese mismo grupo, me lo reconocieron: cuando quieran, donde quiera, como quieran… van a tener un profesor “particular” a su disposición las 24 horas. Lo único que tienen que hacer es darle al “play” para que mi poco “excitante” movenote con un power point comience a contarles un trozo de “sabiduria” (?). Supongo que dicho así, más de un lector de esta entrada pensará: “Ya se dónde está el error: en hacer vídeos excitantes”. Viendo las experiencias y el formidable trabajo de compañeros como J.A. Lucero y su Cuna de Halicarnaso, a uno se le van las ganas de hacer lo que está haciendo (menos mal que está youtube y edpuzzle ya no tiene misterios para mi)

De todos modos, si pensase que de repente todos mis alumn@s hubiesen visto la luz con lo que estoy haciendo y que desde el primer momento hubiesen funcionado como “relojes” estaría, en una realidad paralela. Hace unas entradas, creo que dije algo parecido a lo siguiente: “lo importante son las pequeñas victorias diarias que pueden conseguirse”. Y efectivamente las hay: que un compañero me pregunte por determinados alumnos que hace tan solo un curso, no se veía muy claro su futuro, y hoy puedo decir, que están trabajando, implicándose y esforzándose por aprender algo de historia de otra manera, vale la pena. De hecho, si volvemos a los resultados, ha habido una mejoría importante en dicho grupo, y no es una cuestión de voluntarismo, sino de realidad empírica.

Además, seamos realistas, mi intención es llegar a todos mis alumnos, implicarlos a todos,motivarlos a tod@s sin excepción (otro concepto interesante que da para una entrada y un libro en si mismo: la escuela inclusiva) pero eso no se consigue, si por el otro lado no hay una mínima postura de querer ser implicado. Y desgraciadamente, como en todo, siempre habrá un número de alumn@s, que no van a querer ser ayudados. Al menos, en mi asignatura, ese porcentaje he conseguido que se redujera. De la misma manera que hay alum@s, que tiene ganas de que se acabe el curso para no verme más y volver al maravilloso mundo de “que es lo que tengo que empollar para sacar un 10”.

Me acabo de dar cuenta que he superado las dos mil palabras en esta entrada, y me temo que si sigo escribiendo puede ser que a más de alguno que haya tenido la tentación de ojearla se le vayan las ganas  leer esta pequeña crónica del día a día de un profesor que intenta “flipear” sus clases.

En todo caso, una de las grandes noticias de este trimestre tiene que ver con mi descubrimiento de compañer@s de gremio y profesionales anexos, que me han inspirado, y sobre todo, animado, al conocer su trabajo, al aportar sus conocimientos y ponerlos a disposición de los docentes interesados. Me refiero a Marena Navarro (si comienzo a saber algo sobre el aprendizaje colaborativo se lo debo a ella), Patricia (@NubecitasdeS) y su entusiasmo al mostrar lo que las NNTT pueden aportar, a Virginia Capilla (@virgicapil) y sus increíbles proyectos con sus alumnos, y Nieves Moreno (@nieves_moreno), compañera de un centro cercano al mío (Santo Domingo) y que comparte inquietudes similares.

PD: nuevos retos para el último tramo del curso: convertir a mis alumnos en periodistas, atreverme a poner en marcha algo parecido a un ABP en 2º de eso (gracias a @VictorMarinNavarro)… es decir, insistir en todo ello. ¿Cuál es la alternativa?

 

 

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