Una pequeña reflexión sobre la formación de los futuros docentes

Hace tiempo que no retomo la sana costumbre de escribir en mi cuaderno de bitácora sobre mi día a día. Simplemente como  pequeña experiencia vital por si algún lector pudiera interesar. En este caso, no voy a comentar mis últimas peripecias en clase, algún que otro quebradero de cabeza, trabajos de mis alumnos, dinámicas de clase o cualquier otro menester relacionado con el título de este blog.

Bueno en realidad sí, pero desde una perspectiva un tanto distinta.

Vamos allá. Por una serie de razones ajenas a mi voluntad y no por mi estado de salud sino por el de un familiar, llevo unos cuantos días “disfrutando” de la estancia en un hospital. Entre pruebas, noches en vela, análisis, oxígeno…y demás componentes propios de una convalecencia complicada, he tenido tiempo para observar  y fijarme en otro elemento propio del día a día en un centro sanitario de la magnitud del que me encuentro. Con rutina más o menos británica, la doctora adjunta que visita a mi padre es acompañada por, al menos, de 3 a 4 médicos residentes. Es decir, los futuros médicos (aunque en teoría ya lo son), observan, y en función de su año de residencia, intervienen, preguntan e interactúan con el paciente. A partir de las indicaciones de la doctora adjunta, los residentes van tomando nota, de su proceder, tanto científico y médico como humano, en el trato al paciente. Y así, los 10 días, que llevó de convivencia hospitalaria.

Es decir, los futuros profesionales de la medicina, que llegarán a tomar decisiones cruciales para la salud y la calidad de vida de sus pacientes, consolidan su conocimiento con la práctica, con el día a día. Durante 4 años observarán situaciones, pacientes, diagnósticos, análisis, pruebas… y todo aquello que les garantiza que en el futuro contarán con el mejor bagaje personal, formativo y profesional, para realizar su labor con las mayores garantías.

Esta reflexión, la vinculó precisamente, a la formación que reciben los próximos docentes. Actualmente soy tutor de las prácticas en un centro educativo de los alumnos de un máster en padagogía. Al igual que ocurre con otros compañeros míos en mi centro y en muchos otros, los alumnos, que procediendo de carreras ( perdón, grados), que les han aportado un gran número de conocimientos, necesitan realizar un máster en pedagogía, pagado de su propio bolsillo, para “garantizar” una mínima formación en lo que comúnmente vamos a llamar “dar clase”. Dicha formación consiste en seguir en el día a día a un docente de su especialidad y preparar algunos clases que ellos mismos impartirán, para que de este modo ejercíten la docencia. Posteriormente y para finalizar, su labor será de algún modo por el profesor tutor y su tutor de máster, evaluada.

La pregunta es evidente, ¿es suficiente? Mis alumnos confirman algo, que no precisa de confirmación. Durante sus años en la facultad, no han ejercitado absolutamente nada que tenga que ver con la docencia o la pedagogía. Se han esforzado, y mucho: en aprobar exámenes y realizar alguna que otra práctica. No es una crítica, es una constatación de la realidad. 

Nuestros futuros docentes, y en mi caso, tengo dos joyas en bruto que demuestran tener algo a mi juicio, esencial: una vocación que se convierte en una especie de energía interna, que permite al docente, superar muchas situaciones adversas, que de otro modo no se harían, están comprobando que en el día a día, se precisa de una palabra clave: FORMACIÓN. Más allá de tu estilo como docente, la metodología que emplees… Lidiar con el alumnado, solucionar problemas que van surgiendo, interactuar con nuestros alumnos, la administración, la legislación, los otros compañeros, las cuestiones técnicas que pueden arruinarte una clase o provocar una sonrisa a tus alumnos… No se consiguen en un par de semanas.

Hace unos meses en plena vorágine sobre un pacto educativo, apareció la cuestión de la formación de los futuros docentes. Una que me llamó la atención es la de un MIR educativo. José Antonio Marina planteaba esta posibilidad. No sé si es la solución y no puedo posicionarme al respecto,  con un simple anuncio, faltando muchos más detalles en la concreción de dicha propuesta. Y por supuesto, deberían, ponerse encima de la mesa otras propuestas que den como resultado responder de la manera más satisfactoria posible a la formación de los futuros docentes.

Y creo que un buen principio sería la del reconocimiento de nuestra labor, y del esfuerzo que realizamos, desde la diversidad en eso que llamamos “la libertad de cátedra”, por conseguir sacar lo mejor de nuestros alumnos. Y por nuestra parte, reflexionar si en ese sentido, con nuestro trabajo lo conseguimos.

PD. Lo bueno del hospital es que deja tiempo para pensar (?)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s