¡Vaya trimestre! (I) Dedicado a los docentes: los que son, los que serán y los que no se ven.

Periodo vacacional a la vista… fin del segundo trimestre. Se atisba el final del curso. Ése es el momento en el que se encuentran mis alumnos y el profe. Con la sensación tanto de unos como de otro, de que hemos llegado a las vacaciones con la lengua fuera y pidiendo la hora. Saturados de exámenes, trabajos, madrugones, tareas pendientes… Y todo lo que conlleva su día a día y el nuestro. Pero pese a todo, ha sido un trimestre… Increíble. Desde muy diversos aspectos, ha sido un trimestre intenso y enormemente fructífero. Cargado de novedades en el ámbito profesional y puramente docente. Nuevamente con sorpresas y con algún que otro quebradero de cabeza (sino sería un aburrimiento vivir en el maravilloso mundo de la perfección permanente). De hecho no  sé por donde empezar.

Voy a empezar por mis compañeros. Sí, mis compañeros de trabajo. Docentes como yo que se han embarcado durante este recién terminado trimestre en un Grupo de Trabajo que pusimos en marcha a comienzo del mes de Enero, cuyo objetivo era el de crear unidades didácticas integradas desde la perspectiva del Aprendizaje Basado en Proyectos. La razón de ser del grupo de trabajo la encontramos en la necesidad de responder a una pregunta generada por el propio marco legal en el que nos encontramos: ¿cómo programamos y evaluamos por competencias? Las propias recomendaciones metodológicas de la LOMCE, hablan de “metodologías activas” que favorezcan el aprendizaje autónomo de los alumnos, resolviendo retos conectados con el curriculum de la asignatura pertinente, y así ir adquiriendo habilidades (competencias) que son a la larga, las que determinarán, junto con los estándares evaluables, el grado de adquisición de conocimientos y destrezas por parte de nuestros alumnos.

Ya en más de una ocasión he escrito por estos lares al respecto. El famoso asunto de las competencias no puede “digerirse” por parte de los docentes si la administración nos dice el qué, pero no el cómo. Muchos docentes, plantean claramente su escepticismo o directamente su rechazo sobre el nuevo paradigma educativo, cuando se ven incapaces de llevar al aula, o mejor dicho, de intentar, desde nuestros conocimientos, basados en la experiencia, acercarnos a la implementación del aprendizaje competencial (?). Traducido, éso de las competencias, ¿qué es? Pues bien, sin ser, un remedio a todos los males, sin suponer la desaparición de todo nuestro bagaje previo como docentes, sin eliminar modelos anteriores… el ABP nos acerca a lo que podría ser un trabajo en el aula que permitiría programar y evaluar competencias. Básicamente por una razón: nuestros alumnos aprenden haciendo y además tienen que demostrarlo. He añadido esta última parte, ya que la expresión “se aprende haciendo”, se queda coja, sin la demostración de que éso ha sido así. ¿Cómo se demuestra? Exponiendo, creando, redactando, memorizando, contestando… Y todo a través de cualquier instrumento de evaluación que nos permita comprobarlo: rúbricas, cuestionarios, exámenes, entrevistas…

Pero a lo que voy: durante 10 tardes con horario de 4 a 7, prácticamente casi todas las semanas de este trimestre, por el simple hecho de conocer de “qué va el ABP y cómo puedo llevarlo adelante”, es para aplaudir. Y yo lo haría extensivo a todos los docentes que para formarse, echan mano de su horario no lectivo, que se quedan a comer en el bar de enfrente, que buscan cómo recoger a los críos (los suyos) del cole, que cambian una cita del médico porque les coincide… Cuesta encontrar profesiones que en el ámbito de la formación, suponga un esfuerzo individual tan particular como en la docencia. Sin embargo, de momento las cosas están así.

Pues bien, con esfuerzo, dedicación… y mostrando imaginación, recursos y habilidad, han demostrado, y ésto creo que es lo más importante, que plantear un giro (y no ha de ser una revolución, ni mucho menos), a nuestra forma de trabajar en el aula, y lo más importante, la forma en la que aprenden nuestros alumnos, no es algo tan inabordable, (y con ello no estoy diciendo que antes no pudiera conseguirse, si bien creo que el reto hoy en día es mayor y distinto). Increíble ABP sobre Gabriel Miró (en el que participo), sobre Orihuela y sus pedanías, sobre cómo decidir que futuro laboral y profesional  quieres o un juego sobre los sectores económicos es el fruto del trabajazo de mis compañer@s.

Hablando de docentes, debería nombrar a “otros compañeros” los del Centro “Majal Blanco” de Santomera. En este punto, reservo una entrada, para que al terminar la formación, valore lo que ha sido algo completamente nuevo y estimulante para mi: ser profe de profes. Mucho y bueno estoy sacando de una experiencia que  a fecha de hoy está inconclusa. Tras las vacaciones, retomaremos, y será momento de hacer balance y reflexión.

Seguimos con docentes, futuros docentes. En este caso, he sido el tutor de las prácticas en mi centro de dos alumnos del máster en “Formación del profesorado para ESO, Bachillerato, FP y EOI” de la  Universidad Miguel Hernández de Elche, Laura y José Carlos. También daría para una entrada en “exclusiva”. A modo de pequeño “entrante”. Durante tres meses hemos compartido aula, departamento, conversaciones (muchas), alumnado, materiales, reuniones, recreos y bocatas.. y por supuesto: ILUSIÓN y VOCACIÓN. Sin ellos es imposible dedicarse a nuestro trabajo. Y ambos lo tienen. Pero también carencias (como yo las tenía cuando comencé a trabajar: nadie me enseñó “cómo dar una clase”) procedentes de un sistema educativo, el universitario, que en el 99% continúa igual que cuando yo lo dejé. Y cierta indignación, cuando parece ser que la única manera acabar formándose de algún modo es “pagándose” un máster. He tenido la oportunidad de ver el día a día de mi práctica docente, y también, la de mis alumnos. Su visión “crítica” y nada complaciente, me ha hecho tener opiniones muy interesantes dentro del aula. Señalando lo que funciona y lo que no, siendo críticos y honestos… Aplaudiendo lo que hacen bien los alumnos y lo que consiguen, de la misma manera cuando el resultado y la dinámica en el aula no funciona. Como les dije a ellos y también a mis compañeros de Majal Blanco: “no vendo humo”, no soy un “iluminado que ha visto la luz”sino, tan solo mi experiencia. La de un docente que después de 20 años, creo (y tras el año pasado lo puedo a formar), mis alumnos aprenden más y mejor con la metodología flipped classroom, sin ser la poción mágica, con la que entramos en un mundo de felicidad dentro del aula. Ellos se lanzaron a poner en marcha sus propios recursos (vídeos: mejores que los míos sin duda), a poner a trabajar en grupos a los alumnos, tanto en primero de bachillerato como en segundo), a evaluar a los alumnos con actividades diversas, y en algún caso, imaginativas (me apunto vuestras iniciativas chicos) y llegando a la conclusión, de que ser docente hoy en día, es una tarea mucho más complicada que hace unos cuantos años. “Llegar” a los alumnos, con la historia, es un verdadero reto, que pasa por “pasar y poner en acción” a nuestros alumnos. Que se les debe exigir esfuerzo, cooperación, responsabilidad y compromiso. Y que parece ser ello es más fácil conseguirlo con las famosas “metodologías activas”. Como diría una de mis alumnas de bachillerato de Historia de España, ¿cómo se aprende más, estudiando a Franco a partir de la información del libro de texto, o siendo Franco y elaborar un discurso a partir de la información que hayas obtenido de cualquier fuente, incluído el libro de texto? Mis alumnos de máster lo tienen claro, si bien han descubierto dos cosas: sin formación es complicado. Sin voluntad todavía menos.

Y para terminar… Más docentes: Carlos, Isabel, Virginia, Ángeles, Antonio , Juan Francisco y Lucas. ¿Qué tenemos en común, pese a encontrarnos en puntos tan distantes de la geografía española como Madrid, Burgos, Tenerife, Alicante…? El pertenecer a un “claustro virtual”, el cual desde prácticamente el comienzo del curso, se ha convertido en una especie de laboratorio de ideas, de iniciativas que rápidamente, compartimos, comprobamos su viabilidad, y básicamente en la misma conversación en twitter nos ponemos de acuerdo en cómo llevarla adelante y cuándo. Se trata, pues, de una realidad en la red, en paralelo a nuestro claustro real y a nuestro departamento físico, en el que docentes, que compartimos un planteamiento similar de lo que debe ser nuestro día a día, colaboramos para sacar proyectos viables en nuestras aulas. Y lo intentamos hacer de manera fluida, sin “forzar” situaciones, pero con la clara intención de hacer que nuestras clases reales sean, en realidad, de más de 100 alumnos. En la Feria del Conocimiento de Almagro celebrada el pasado más de Febrero, pudimos “vernos la cara” por fin (me gusta más que desvirtualizar). Y en este caso, ganamos bastante en persona (algunos más que otros, todo sea dicho de paso). Por cierto, una manera de relacionarnos y comunicarnos de la que cada vez participan más docentes (casualmente, igual que nuestros alumn@s). Añadir que en dicha Feria, y hablando de docentes, tuve la oportunidad de conocer a otros compañer@s referentes en sus ámbitos, que me mostraron lo interesante y enriquecedor que son este tipo de eventos.

Por tanto, tras lo contado, no puedo esconder mi satisfacción por un trimestre intenso como pocos. En la siguiente entrada, vamos con los otros protagonistas de este trimestre: mis alumn@s.

 

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